La Cooperativa



LA COOPERATIVA.-


En La Zarza antes había,

una cuantas sociedades,

cada una desempeñaba

distintas actividades.


Por lo tanto ahora lamento

que alguna no sobrevivan,

sobre todo echo de menos

a nuestra Cooperativa.


Su actividad era vender,

sin lucrarse en el negocio,

productos para el consumo

principalmente a sus socios.


Era una tienda importante,

con un mostrador corrido;

por veintidós dependientes

era el público atendido.


La contabilidad era

llevada por responsables,

cinco o seis administrativos

incluidos los contables.


Había un administrador,

que estaba siempre pendiente,

del trabajo que ejercía,

cada uno de los dependientes.


También era su labor

controlar las existencias

de los géneros que había

continuamente en la tienda.


Además asesoraba

a la junta directiva,

cuando algún proveedor

sus productos ofrecía.


En la tienda se vendían

principalmente alimentos,

y zapatos y tejidos

y muchos otros complementos.


Cuando alguien iba a comprar,

de forma amable y discreta

se le pedía que mostrara

como socio su libreta.


También la Cooperativa

tenía una panadería,

con seis u ocho oficiales

que su sueldo allí tenían.


El pan que se elaboraba,

a la tienda se traía,

con un carro y una mula

en varios viajes al día.


Existía también una chanca,

donde se mataban cerdos,

más de dos mil cada año

si no me engaña el recuerdo.


Los productos de estos cerdos

allí mismo se elaboraban,

se hacían muchos  embutidos,

y jamones se salaban.


Además de los jamones

se salaba mucho tocino,

producto muy consumido

por mis queridos vecinos.


Un grupo de chacineras,

(yo creo que eran más de veinte)

en época de matanza

trabajaban continuamente.


Un experto matarife,

sacrificaba los cerdos,

a los que, con abulagas

se chamuscaba los pelos.


El matarife a los cerdos

mataba en forma certera,

y una mujer recogía

la sangre en una caldera.


Este sangre se salaba

para que no se cuajara,

y se agregaba a la carne

que en morcilla se empleaba.


Estos sabrosos productos,

que del cerdo se obtenían

con otros ricos productos

en la tienda se vendían.


A pesar de que los precios,

no eran altos para los socios

siempre había un beneficio

en este honrado negocio.


El beneficio anual,

de esta cooperativa,

se le repartía a los socios

de manera equitativa.


En forma de dividendo

daban a cada libreta

(en especie desde luego)

doscientas cincuenta pesetas.


Emplear ese dinero

de una vez, era un apuro

pues daba mucho de sí

aquellos cincuenta duros.


Aunque parezca mentira

era de mucha importancia,

ir a la cooperativa

a recoger las ganancias.


Allí iban las mujeres,

con tres o cuatro chiquillos,

con unos grandes canastos

y algunos con un carrillo.


Estaba en los Estatutos

de nuestra cooperativa

que cada año se renovara

a su junta directiva.


Los cargos eran elegidos

por votación popular,

al empezar cada año

en la junta general.


Si había algunos candidatos,

la votación procedía,

pero si no había ninguno,

entonces seguía la misma.


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